ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: LAS MONEDAS PERDIDAS DEL EMPERADOR MAXIMILIANO.
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lunes, 19 de diciembre de 2016

LAS MONEDAS PERDIDAS DEL EMPERADOR MAXIMILIANO.


En la segunda mitad del siglo XIX, Napoleón III estaba obsesionado por devolver a Francia su peso político en la escena internacional, entre otras cosas para no verse superado por el protagonismo que estaba adquiriendo Prusia en el contexto europeo. Una de sus más controvertidas actuaciones fue su intervención en los asuntos internos mexicanos, respondiendo a la solicitud de ayuda por parte de la aristocracia y las clases más conservadoras del país azteca, como consecuencia de la política liberal que estaba aplicando el gobierno de Juárez. Para poder derribar toda su política reformista, los católicos y los terratenientes mexicanos optaron por restaurar la monarquía en su joven país, y por eso pidieron ayuda a Napoleón III, que finalmente propuso a Maximiliano de Austria. 

El nuevo emperador mexicano llegó al puerto de Veracruz en 1864, pero pronto quedó de manifiesto, el poco apego que iban a tener las clases menos favorecidas hacia su rey, y todo ello a pesar de la política moderada que desarrolló nada más llegar al poder, la cual provocó un descontento entre los grupos que le alzaron al poder, por considerarlo demasiado condescendiente con los odiados liberales. Pero lo que condenó al régimen de Maximiliano fue la retirada de unas tropas francesas que hasta ese momento se habían ocupado de su protección, en territorio tan lejano y con casi todo el mundo en contra suyo. A partir de ese momento los liberales vieron allanado su camino, y por eso se unieron bajo la causa de Benito Juárez que además contaba con el apoyo de los Estados Unidos de América. 

Abandonado por todos, excepto por un reducido grupo de leales, Maximiliano vio como sus posibilidades de supervivencia se reducían hasta convertir su causa en una quimera. Pero él era miembro de una de las familias con más historia de todo el planeta, y nunca nadie podría acusarle de no actuar con valentía cuando las circunstancia lo habían requerido. El emperador decidió hacerse frente en la ciudad de Querétaro, y allí resistió hasta ser capturado después de un largo asedio, para posteriormente ser sometido a un despiadado juicio en un tribunal militar que le terminó condenando a muerte. 




Uno de los capítulos más controvertidos de su reinado fue la acumulación de un formidable tesoro que ocultó en su refugio de Querétaro, antes de sufrir el asedio de los liberales juaristas. Sabemos muy bien que las tropas francesas no sacaron el oro de la ciudad cuando recibieron órdenes de regresar a Europa. Tampoco lo encontraron los juaristas cuando entraron en el enclave, por lo que debemos suponer que esta enorme reserva monetaria fue evacuada de la ciudad antes de que se produjese su rendición. El problema es conocer su destino, y más aun teniendo en cuenta las dificultades de los leales a Maximiliano para sacar el oro y transportarlo de forma segura, hacia un lugar que no estuviese controlado por alguno de sus muchos enemigos. El camino hacia el puerto de Veracruz habría sido el más lógico de todos, pero esta opción fue descartada al estar controlado por los soldados de Juárez. El mismo problema tenían hacia el sur, y el norte era todavía peor porque el gobierno de los EEUU se mostró, desde el principio, favorable a las tesis de los revolucionarios juaristas. Parece ser que la única opción fue llevar el tesoro hacia Texas, en donde aún existía una enorme presencia de soldados confederados que durante cuatro años habían estado luchando contra los estados de la Unión en la sangrienta Guerra de Secesión americana. En este sentido, cabe recordar que una buena parte de los soldados texanos desmovilizados tras el final del conflicto, marcharon hacia México para ponerse a las órdenes de Maximiliano, de ahí las estrechas relaciones entre uno y otro bando, y razón de más para apuntar hacia este lugar como refugio último de la reserva monetaria del emperador mexicano. 




Cuando ya lo vio todo perdido, Maximiliano mandó introducir sus miles de monedas de oro en 95 barriles cargados en varias carretas, que partieron hacia Texas escoltados por un puñado de soldados mexicanos. En un inocente intento por pasar desapercibidos, no se les ocurrió mejor idea que cubrir las carrozas con harina, tal vez para hacerse pasar por unos simples comerciantes dispuestos a negociar con un producto de tan escaso valor. Muy pronto, los soldados confederados empezaron a sospechar que allí había gato encerrado. 

No era lógica la presencia de unos carromatos llenos únicamente de harina y escoltados por un contingente del ejército imperial mexicano. Por eso, una noche, cuando ya se encontraban en Texas, los sudistas mataron a los hombres de Maximiliano y se hicieron con el poder de la valiosa carga, iniciando una larga marcha por uno de los lugares más secos e impenetrables de Norteamérica. Durante este trayecto, los antiguos soldados confederados tuvieron que combatir sin descanso contra cientos de bandoleros mexicanos que habían llegado a este lugar atraídos por el olor del oro. Poco a poco, los confederados fueron masacrados hasta que sólo quedó uno de ellos con vida, el mismo que al final, poco antes de su muerte, contó la historia y por el que sabemos que el último lugar en donde estuvo la carreta fue en el desfiladero de Castle Gap, en lo alto de las montañas de King, al norte de El Paso.

Más información en el libro: GRANDES TESOROS OCULTOS, de la Editorial Nowtilus. Madrid, 2015. 






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