ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: CHARLES WARREN. EN BUSCA DEL ARCA DE LA ALIANZA.
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domingo, 2 de abril de 2017

CHARLES WARREN. EN BUSCA DEL ARCA DE LA ALIANZA.


por Javier Martínez-Pinna. Revista Clío Historia, marzo de 2016. 

No hace mucho tiempo, tuve la oportunidad de investigar el que se ha venido a considerar como el objeto de culto más valioso de la religión judía. Fue mientras me documentaba para escribir Operación trompetas de Jericó, un ensayo en el que traté de ofrecer una visión del arca que huyese de lo esotérico y sensacionalista, para centrarme en el estudio serio y riguroso de las fuentes documentales y arqueológicas. Mi intención era entender la auténtica naturaleza de esta anhelada reliquia, pero también el lugar en donde pudo quedar oculta. Pero en el libro también me ocupé de rescatar del olvido, los hechos y las andanzas protagonizadas por todos aquellos aventureros, iluminados, arqueólogos o historiadores que, en un momento u otro de sus vidas se sintieron tentados por la búsqueda del Arca Perdida.

Entre todos ellos destacó un joven oficial del ejército británico, Charles Warren, cuya biografía hizo que se le considerase como uno de los más afamados aventureros ingleses del siglo XIX, y eso por muchos motivos. Siendo muy joven marchó hacia Palestina, para participar en diversas campañas arqueológicas, y posteriormente puso su talento al servicio de un Imperio que por aquel entonces se extendía por casi medio mundo. 

En el África más meridional, el valeroso y polifacético Warren, destacó por su denodada participación en diversos conflictos como el de Bechuanalandia, la actual Botsuana, para más tarde ponerse al mando de una guarnición inglesa situada en el influyente puerto de Suakin. El prestigio del oficial fue subiendo con tal rapidez que pronto fue puesto al frente de las tropas coloniales de Singapur, todo un logro que le permitió asumir el grado de Teniente General, con el que participó en la guerra de los bóers, en donde nuevamente pudo demostrar sus habilidades militares durante la célebre ofensiva de Natal. 

Su carrera al servicio de Su Majestad fue premiada con el desempeño de importantes cargos administrativos, primero en la Ciudad del Cabo, y después en la propia city londinense, en donde sabemos que participó como alto responsable policial de Londres entre el 1886 y 1888, en la investigación de los asesinatos perpetuados por el enigmático y aún desconocido, Jack el Destripador. De Warren sabemos que fue un reconocido masón y que además intervino, de forma directa, en la fundación del movimiento Scout. 

Todo ello le hizo merecedor de una fama imperecedera, aunque si por algo se recordará a este apasionante individuo fue por la extravagante búsqueda que llevó a cabo muchos años atrás, cuando en el 1867 marchó hacia la ciudad de Jerusalén para intentar encontrar el Arca de la Alianza. El joven Charles Warren fue contratado ese mismo año por el Fondo para la Exploración de Palestina para excavar en el Monte Moriá, y aunque adolecía de la más mínima formación académica, intentó desde el primer momento compensar su falta de experiencia demostrando un pundonor y una valentía que sorprendieron a propios y extraños.

Nada más llegar a Tierra Santa, se encontró ante la negativa de las autoridades turcas para dejarle excavar en las proximidades de dos de los edificios más sagrados del islam: la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa. Desde el principio todo le pareció salir mal, pero a Warren no pareció importarle mucho, porque había llegado hasta este lugar para ver cumplido un sueño, y nadie iba a impedírselo, por lo que decidió hacer las cosas a su manera. 

Armado de valor, logró deslizarse junto al resto de su equipo por el lado norte de la muralla, y allí excavó un túnel para poder adentrarse y profundizar hasta llegar hasta las entrañas de la Colina del Templo, pero su trabajo, desgraciadamente, no pasó desapercibido, pues llamó la atención de los fieles que día tras día, se agolpaban en el interior de la mezquita para rendir culto a su dios. Tocaba correr, y mientras lo hacían, seguidos bien de cerca por una turba de indignados palestinos, una lluvia de piedras cayó sobre sus cabezas, descalabrando a más de uno. Ante esta situación, el gobernador de la ciudad decidió intervenir paralizando definitivamente las excavaciones.

Charles Warren no se había salido con la suya. Nunca pudo demostrar al mundo que la Colina del Templo escondía el más deseado objeto arqueológico de todos los tiempos, aunque unos años más tarde, en 1911, un aristócrata llamado M. B. Parker llegó junto al excéntrico esoterista finlandés Valter Juvelius, para continuar con las investigaciones en donde Warren las había dejado. Una nueva aventura estaba a punto de iniciarse.

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