ca-pub-2649426768334603 GRANDES TESOROS OCULTOS: SANTUARIO DE SANTA CASILDA. HISTORIA Y LEYENDA EN UN PAISAJE MÁGICO.
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viernes, 7 de abril de 2017

SANTUARIO DE SANTA CASILDA. HISTORIA Y LEYENDA EN UN PAISAJE MÁGICO.


Iniciamos nuestra travesía en tierras de Burgos, recorriendo un lugar aislado en el que el viajero podrá entrar en contacto con viejas leyendas, y disfrutar de un paisaje incomparable ubicado en el corazón de la Bureba, muy cerca de la pintoresca localidad de Briviesca.

El santuario de Santa Casilda se encuentra situado en lo alto de un imponente promontorio, dominando una extensa zona denominada por Azorín como "el corazón de las tierras de Burgos". Para llegar hasta allí, deberemos desplazarnos en primer lugar hasta Briviesca y tomar la carretera BU-V-5107 con dirección a Revillancón, en donde podremos deleitarnos con la elegante iglesia románica del siglo XII consagrada a San Esteban Protomártir.

Siguiendo el camino llegaremos hasta un peñasco en el que se levanta el santuario de Santa Casilda, con una iglesia de estilo renacentista lombardo, construida sobre la antigua ermita, bellamente reformado y que cuenta con una imagen de la santa sobre el altar esculpida por Diego Siloé, y que custodia el sarcófago en donde se conservan los huesos de la princesa toledana Casilda (hija del rey moro Aldemón o al-Mamún), nacida en la ciudad de Toledo en el siglo XI.

Cuenta la leyenda que la princesa quedó huérfana de madre poco después de venir al mundo, aunque afortunadamente su infancia no fue del todo desgraciada porque desde bien pronto recibió el cariño de sus hermanas Zoraida y Almoaín. Como era constumbre entre los hijos de la realeza, a los cinco años, Casilda empezó a estudiar el Corán, pero su afán por el conocimiento le llevó a interesarse por todos los textos que desde entonces cayeron en sus manos. Entre las historias que más le impactaron estaba la de una joven princesa cristiana que decidió huir de palacio para consagrarse a una vida ascética y de oración.Según se dice, con tal sólo 17 años de edad, Casilda ya era una de las mujeres más sabias del reino, y pronto comenzó a interesarse por lo principios éticos del cristianismo, pero su sabiduría no era menor que su bondad, porque inmediatamente empezó a frecuentar las cárceles de palacio para entregar medicinas y alimentos a los cautivos de su propio padre, el cual entró en cólera cuando fue consciente de la "traición" pertrechada por su hija.

Aún así, la joven princesa no se dio por aludida, y siguió visitando y llevando consuelo a los sabios sacerdotes y monjes que palidecían en las lúgubres cárceles toledanas. Enterado el rey Adelmón, fue a espiarla en el jardín de sus aposentos, y al verla allí le preguntó qué era eso que estaba ocultando en su vestido. - Rosas, le respondió Casilda, pero evidentemente su desconfiado padre no la creyó, por lo que le obligó a abrir los pliegues de su vestido y es aquí cuando se obró el milagro, porque las medicinas que llevaba escondidas en su interior se convirtieron en rosas.

Desgraciadamente, el mal se cebó con la joven, siendo víctima de una enfermedad que había heredado de su madre. Los cautivos a los que había estado sirviendo miraron con estupor cómo su valiente heroína se iba consumiendo poco a poco, pero uno de ellos sugirió un extraño remedio: bañarse en los lagos norteños de San Vicente de la Bureba, cercanos a la burgalesa Briviesca. Por si quedaba alguna duda, una voz procedente del cielo, y que al parecer fue transmitida por la Virgen, confirmó la sugerencia, por lo que el rey Adelmón organizó una expedición para trasladar a su querida hija hasta tierras cristianas. Lo que ocurrió es de sobra conocido por las gentes de Briviesca: nada más lavarse en los lagos de San Vicente quedó sanada de su enfermedad, y como agradecimiento la princesa decidió quedarse en el lugar, para vivir de forma eremítica y en agradecimiento al piadoso Dios de los cristianos. Se dice, que Casilda trajo consigo un importante tesoro desde Toledo, al cual se le perdió la pista, aunque la tradición asegura que lo repartió entre las parroquias vecinas y los pobres.

Su generosidad y bondad hizo que las gentes del lugar decidiesen levantar una ermita en honor a la Virgen para que le sirviese de última morada, pero algo extraño vino a suceder, porque todo lo que los vecinos construían durante el día, era transportado hasta lo alto de la montaña por manos angélicas, por lo que se procedió a construir una ermita en lo alto del cerro.

Además del santuario, el visitante puede deleitarse con las viandas de mejor calidad de estas tierras castellanas. En el restaurante de Santa Casilda, disfrutará de una excelente comida y un ambiente agradable, pudiendo elegir entre una gran variedad de platos entre las que podemos destacar las famosas morcillas burgalesas y todo tipo de carnes, regadas por los mejores vinos. También podrá alojarse en su Hospedería, la cual cuenta con 12 habitaciones a precios más que asequibles.

Los viajeros más exigentes, tendrán ocasión de visitar los pozos que según la tradición otorgaron salud a la santa. Para ello tendrán que coger el sendero que baja desde la verja de hierro situada a la izquierda del santuario y descender hasta una preciosa arboleda en donde se encuentra el Pozo Negro o de San Vicente, en donde Casilda encontró consuelo a su dolor. Según se dice, basta con mojar un pequeño pañuelo con sus aguas y llevarlo hasta el enfermo para sanar. Muy cerca tenemos el Pozo Blanco o de Santa Casilda, cuyas propiedad mágicas son también evidentes porque hace fecundas a las mujeres que hasta allí se acercan. El ritual consiste en subir hasta una ladera que está a cierta altura y tirar una teja, si desean tener una hija, o una piedra, si desean un hijo. Pero eso no es todo, porque a los que consiguen "canastar" a la primera, se le asegura la descendencia en el plazo máximo de un año.

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